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La La Land

Desde siempre, que yo recuerde, he sido una amante del cine. En mi casa apenas veíamos televisión, de hecho durante muchos años ni siquiera tuvimos una. Cuando todos nuestros amigos ya tenían aparato de vídeo, nosotros aún seguíamos en blanco y negro, viendo tele sólo los fines de semana. Al cine, en cambio, me llevaron desde bien pequeñita, y durante mi juventud no había sesión continua ni cineclub que se me escapara. Cuando conseguimos por fin a un aparato de televisión decente y un vídeo yo ya tenía ventipico años. A esa edad vi Casablanca, y a partir de ahí me pude resarcir y ver todo el cine clásico que había soñado. Pensándolo ahora con la distancia de los años, creo que no fue tan mala cosa; pude ver películas impresionantes cuando estaba sobradamente preparada para disfrutarlas. Aunque el cine de mi infancia es el ochentero -soy hija de E.T, Los Goonies e Indiana Jones– tengo una debilidad especial por el cine clásico. Disfruto cada minuto rodado por Howard Hawks, Alfred Hitchcock o Billy Wilder, …

Un beso por San Valentín

Los seres humanos nos encontramos sin duda divididos en cuatro grupos fundamentales: a. Los que celebran San Valentín con regalos, bombones y flores b. Los que creen que San Valentín es un invento del El Corte Inglés y se niegan a celebrarlo c. Los que piensan que es un invento pero se felicitan con cariño cada 14 de febrero -yo pertenezco a este contradictorio grupo – y d. Los que no tienen ni idea de qué se celebra, ni falta que les importa A aquellos que opinan que San Valentín es un invento del Corte Inglés tengo que decirles que se equivocan. Yo he vivido en Estados Unidos, donde el día de los enamorados es fiesta grande y ahí no hay Corte Inglés. Aunque es verdad que desde que acaba la Navidad comienzan todas las tiendas a inundarse de corazones rojos, hasta que el 15 de febrero desaparecen súbitamente y todo se tiñe de verde esperando a San Patricio. Sin embargo, tampoco los grandes almacenes americanos inventaron el día de los enamorados, aunque les venga estupendamente. Lo cierto es que es una festividad que ya en la …

Las joyas de la familia

Estas son unas de esas galletas que no tienen demasiado misterio, y sin embargo siempre producen un efecto apoteósico en los que la ven. Sí, trabajo sí que tienen. Pero son relativamente fáciles de hacer y os aseguro que con ellas dejaréis a más de uno con la boca abierta pensando que sois la octava maravilla del universo galletero. Os cuento como conseguir caras de asombro en unos sencillos pasos: Para empezar hay que hornear unas galletas con forma adecuada; oval, placa, circular, etc. Cuando las tengamos listas, prepararemos unos cuantos camafeos con gum paste con ayuda de un molde de silicona -el mío es de los baratos made in Hong Kong-. A continación debemos cubrir la galleta con el icing de consistencia intermedia, y, sin dar tiempo a que seque, colocaremos el camafeo bien centradito y lo dejaremos secar. Cuando el icing esté completamente seco -12 horas como mínimo- si queremos dar un aspecto envejecido a nuestras galletas podremos utilizar  un punzón o aguja para resquebrajar cuidadosamente el icing -como ya hice en las galletas azulejo, vídeo tutorial aquí– y eliminaremos las virutas de glasa con …