Hacer las galletas más rápidas del planeta está bien para una emergencia, pero para los que disfrutamos con el icing no existe el concepto demasiado tiempo decorando. Para los de nuestra especie es fácil pasar horas -¡y hasta días!- con una sóla galleta.
Continuando con el experimento, me propuse hacer un trabajo algo más elaborado sobre la misma base de galleta. Así que decidí que había llegado la hora de hacer mis lace cookies o galletas decoradas con puntilla; una de esas técnicas que a priori dan bastante miedo, para descubrir más tarde que en realidad es bastante sencilla. Sólo hay que perder el miedo.
Para ello, lo primero que hice fue estudiarme de memoria el inmejorable tutorial de SweetSugarbelle, tan bueno que mucho de lo que leéis aquí es simplemente una adaptación de lo que la maestra Callye Alvarado cuenta.
Lo segundo, obedecer las pautas de Sugarbelle y repetirme a mí misma: yo puedo. Yes, I can. Perfectamente mentalizada, enseguida pude comprender cuáles son las claves del éxito:
-Un icing espeso, de consistencia similar a la pasta de dientes
-Una boquilla del número #1 o #1.5
-Una regla o cinta métrica (esas de papel que regalan en Ikea son las mejores)
-Una aguja o punzón
-Un pulso mínimamente aceptable
-Trabajar sin prisa
-Paciencia para desobstruir las boquillas
Podemos hacer estas galletas dejándonos llevar mientras decoramos o bien siguiendo un patrón que nos guíe. Yo empecé siguiendo el tutorial pero luego fui experimentando a mi aire. Sugarbelle es tan amable que nos invita a ver este enlace para ver algunas ideas de patrones, y buscando en google imágenes de encaje o puntilla podremos encontrar muchísimos más.
Para empezar a decorar nuestras galletas hemos de poner la regla o cinta métrica en el centro de una galleta completamente seca y hacer pequeñas marcas separadas por 1 cm unas de otras. Podemos hacer las marcas con un rotulador alimentario, o bien con una aguja o punzón. Para mí esto segundo es mejor, porque no se nos ensuciará el icing después.
Una vez las hayamos hecho, podemos empezar con el piping; es decir, a delinear cuidadosamente con nuestro royal icing.
A continuación iremos añadiendo nuevas marcas a ambos lados de las anteriores, e iremos aplicando el icing sobre ellos.
Una vez hecho esto, ya conocemos la mecánica del efecto encaje o puntilla. Consiste en ir haciendo pequeñas marcas para asegurarnos la simetría y aplicando el icing de consistencia dura sobre ellas, trazando los pequeños dibujos. Puntitos, líneas rectas, curvas o lágrimas.
Al final sólo se trata de ir haciendo un patrón intentando mantener una cierta simetría. No es difícil. Aunque sí un poco pesado en ocasiones, porque con esta consistencia de icing y una punta tan pequeña, las boquillas se obstruyen bastante y nos fastidian el trabajo.
Cuando esto sucede, lo primero que suelo hacer yo es meter en la boquilla un punzón o palillo para desobstruir directamente.
Si esto no funciona, otra opción es meter la punta de la boquilla en un poco de agua tibia. De este modo se desobstruye, pero el icing que tendremos inmediatamente después estará aguado, así que habrá que desecharlo para que no estropee nuestras cookies.
Si a pesar de esto no se desatasca, no nos quedará más remedio que desmontar la boquilla de la manga o el bote para lavarla con agua y secar bien. Da mucha pereza pero es lo más resolutivo.
Lo más importante para prevenir los atascos de la boquilla es asegurarnos de que el icing está perfecto. Es decir:
-está recién hecho (el reciclado de otro día suele dar más problemas)
-tiene la consistencia idónea; tan espesa como pasta de dientes o más
-no se nos han formado cristales (ojo: esto pasa mucho cuando se nos seca el icing sobre las paredes del bol)
Cuando llevemos un rato decorando, notaremos que nuestro icing está más líquido. Esto sucede porque con nuestra mano lo vamos calentando sin querer, y la solución será dejarlo reposar un rato o incluso meterlo 10 minutitos en el refrigerador. Además se agradece, porque con este tipo de piping hay que hacer bastante presión… ¡y la mano puede llegar a doler!.
Las galletas con puntilla son siempre agradecidas. Quedan muy bonitas para decorar galletas navideñas o hacer unos huevitos de Pascua.
O, como en mi caso, pueden servir para recordar a una buena amiga lo mucho que piensas en ella.
Por último, aún a riesgo de que se vea lo principianta que soy, debo añadir algo, para que los nuevos entiendan por qué hay que aprender a hacer puntillas y lo lejos que se puede llegar cuando eres el número uno mundial en algo.
Tengo que hablaros de la galletera que lidera esta técnica, posiblemente la mejor. Se llama Teri Pringle Wood y sus galletas son de una personalidad y una calidad técnica inigualable. Os recomiendo que echéis un vistazo a su trabajo en su perfil de Facebook. El estilo galletero shabby chic no es mi favorito, pero en el caso de las galletas de esta mujer sólo puedo rendirme a la evidencia y expresar mi enorme admiración.
Ignoro absolutamente cuánto tiempo le lleva hacer cada galleta; alguna vez se lo pregunté pero no suelta prenda. Yo sospecho que debe tener más paciencia que el santo Job.
Sí, lo sé. A mí también me ha dado vergüenza poner esta foto después de las mías. Pero estoy segura de que Teri también empezó poco a poco. Y yo sé cual debe ser la actitud triunfadora.
Yes, I can!
Jaja tus galletas están genial, las de ella son lo mas, pero claro también es importante que tamaño tienen??? que no es lo mismo hacer esos encajes en una galleta de 10 cm de diámetro que en una que tenga 30 cm…
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Pues también es verdad, Pilar. Yo soy bastante fan de las galletas pequeñas o medianas, que me las pueda comer yo sola sin compartir y sin que sobre 😉
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